lunes, 6 de octubre de 2014

EL BARRIL






EL BARRIL

 

 

Pronto la noticia se regó como pólvora. La presencia de un extraño baúl flotando río abajo que atracó en el puerto por su propia cuenta llenó la atención de la población.

Alguien que lo observó venir en la distancia, un niño, por demás, alertó a los parroquianos que tomaban fresco debajo de los aleros:

 

Oigan vean lo que viene flotando por el río, parece un gran maleta de viaje!

 

Uno de los hombres se acercó curioso buscando un ángulo de mejor visión.

 

Chino, prepare la canoa, vamos a interceptarlo!

 No hay necesidad, dijo el otro, se está acercando a la orilla.

Pero la corriente fuerte va por el centro dijo un tercero de los ya diez o doce que se acercaron anhelantes.

Yo fui el que lo ví primero gritaba el muchacho del primer aviso, de unos doce años de edad, y se trepó encima de la canoa sin reparar en la propiedad. En unos instantes habían tres adultos y el niño intentando remar hacia el centro del río. El artefacto aún no plenamente identificable en la distancia se bamboleaba con la corriente. Su color azul marino reflectaba el sol de la tarde y haciendo piruetas de malabar amenazaba con internarse en el centro del ancho río. Sin embargo después de danzar de arriba hacia abajo desapareciendo por instantes debajo del agua ante los vítores de los playeros la corriente terminó por sacarlo a flote total hacia la horilla. Los remeros que calcularon mal la intersección les tocó cambiar momentáneamente de curso, pero ya el objeto buscaba plácidamente la horilla a treinta  metros abajo del muelle. Se atascó debajo de las ramas de un árbol que acariciaba la superficie del agua y llegaron hábilmente allí tres o cuatro que se dispusieron a rescatarlo. Finalmente llegó por fin la canoa y facilitó la operación. Para aquel momento todo el coro de vecinos gritaba: Es un Barril! Es un barril!. No fue fácil empujarlo a la horilla y sacarlo del agua, pesaba como plomo.

 

Ya en la arena de la playa el corro que se formó en torno al barril de madera pintado de laca azul, se aumentó considerablemente. Mujeres, niños ancianos, jóvenes y hasta un policía que se encontraba fuera de servicio quiso intervenir.

 

Miremos a ver que contiene dijo un pescador musculado que intentó sin lograrlo mover el barril.

 

Un momento,  dijo el policía, de esto me encargo yo, pueden ser armas para la guerrilla!

 

Y si nó, dijo otro parroquiano, que tal que contenga dinero! Podemos repartirnos el contenido y aquí no pasó nada!. Todos se miraron codiciosos y el policía vaciló en mantener su autoridad. En fin de cuentas ni uniforme tenía para imponerla. Pero eso sí amenazó con dar cuenta a la comandancia. De entre la multitud alguien que estuvo callado salió observó el barril, con unos golpes calculados a distinta altura y colocando el oído diagnosticó:

 

Hay que tener mucho cuidado, no han leído últimamente los periódicos ? Se anunció que  un barco sin matrícula arrojó en las costas de  la Guajira un cargamento de deshechos nucleares, y precisamente en barriles como este, así que es mejor alejarse de aquí y dejarle esta investigación a las autoridades. Su autoridad de Agrónomo de la UMATA, hizo que todos se miraran nuevamente entre sí, y el instinto de conservación pudo más que la ambición y el policía se apresuró a poner en conocimiento a las autoridades de lo sucedido.

 

Apocas horas de lo acaecido y de forma espontánea se suscitó el cabildo abierto en el teatro municipal. Curiosos,  intrigados, científicos, autoridades y profesores acudieron a granel, como las autoridades no se hacían presentes decidieron elegir una mesa moderadora y comenzaron a recoger puntos de vista.

 

Pido la palabra! Como lo dijo el agrónomo en el atracadero, si el barril resulta ser uno de esos deshechos nucleares de amplia capacidad contaminante, lesiva no solo para la vida sino para las fuentes hídricas y la tierra misma, es necesario que se coloque el barril en una balsa anclada en la mitad del río mientras se solicita una investigación técnica, que nos permita estar seguros.

 

En ese caso, dijo otro, es más fácil dejar que el barril siga río abajo y así evitar que algo malo nos ocurra a los de este poblado. Es una forma práctica de deshacernos del problema.

 

Yo opino, que es un deber de las autoridades garantizar la seguridad de los ciudadanos, por lo tanto, debemos es unirnos para reclamar nuestro derecho y que ellos asuman la responsabilidad por lo que pueda suceder. Yo por mi parte voy a viajar al pueblo vecino con mi familia para protegerme. El que así hablaba era uno de los adinerados de la región.

 

Un momento, ni lo uno ni lo otro. Todos tenemos responsabilidad sobre lo que pueda ocurrir, y si las autoridades tienen deberes que cumplir y nosotros derechos que reclamar, lo que debe ser importante es la solidaridad, debemos pensar que si pudiendo arreglar el problema aquí no vamos a delegárselo al pueblo vecino para salir del paso. Así que, obremos con razón, esperemos que las autoridades se hagan presentes y nos comuniquen su determinación para apoyarlos.

 

Yo por mi parte, argumentó un tercero, estoy dispuesto a colaborar, y si ustedes con una cuota de participación me reúnen un dinero, yo que soy el dueño del único bote de motor que posee el pueblo, puedo llevarme ese barril muy lejos de aquí. Eso sí tiene que ser una buena suma ya que yo estoy corriendo un riesgo evidente.

 

Sonaron abucheos en la sala y gritos de agalludo! Oportunista!

 

En un rincón del salón, un grupo conversaba bajo y uno de ellos proponía:

 

Que derechos ni que deber eso no nos importa a nosotros, igual mañana tenemos que trabajar y sí estamos perdiendo el tiempo, mejor vamonos,  además nadie nos obliga a estar aquí, tanta alharaca por un pinche de barril que a lo mejor lo cogen las autoridades corruptas y se reparten lo que tiene dentro y le dicen al pueblo que estabas vacío. Vámonos a tomarnos una cervecita. Dicho esto sigilosamente abandonaron el salón.

 

En esto estaban cuando hizo su aparición el alcalde con una comitiva de funcionarios del municipio. Subieron al estrado y ante el silencio del público reunido, el alcalde habló, informando que el barril se tenía aislado en un lugar seguro y que se había solicitado un grupo de técnicos de diversos organismos para que determinaran su contenido para tomar una determinación de la cual sería informado convenientemente el cabildo.

 

 

La información sobre el lugar a donde había sido trasladado el barril permaneció oculta y no dejaron de tejerse en el imaginario colectivo múltiples hipótesis que bien pronto se multiplicaron por la espera. Pasaron alrededor de tres meses y una delegación del cabildo solicitó en entrevista personal una respuesta del alcalde. Entonces fue cuando el alcalde informo que justamente ese fin de semana se haría presente la comisión de investigación. Todo el pueblo se enteró del acontecimiento y ese sábado una multitud impacienta distribuida en bares, fresqueaderos,  cantinas, y cafeterías esperaban al llegada de la comisión. A las once de la mañana un helicóptero de la fuerza aérea hizo presencia en los cielos y haciendo un círculo aterrizó en la cancha de fútbol del colegio.

 

Se bajaron dos militares de alta graduación, un ministro de estado, directores de organismos de seguridad, un cuerpo científico, escoltas y ayudantes y de inmediato se dirigieron en carros militares previamente previsto hacia las cuevas del murciélago donde había sido colocado el barril. La comitiva gubernamental esperó a prudente distancia, mientras el grupo técnico examinó durante casi dos horas el artefacto. Se le impidió de hecho a la población acercarse al lugar.

 

Una hora más tarde tanto  la comitiva del gobierno como los investigadores hicieron arrivo al parque principal y la gente se arremolinó alrededor del balcón de la Casa Consistorial. De un camión militar se bajó el barril y se colocó en el atrio de la iglesia después de cinco discursos en los que se hincapié en la preocupación del  gobierno y del Estado por el bienestar de sus ciudadanos, el mismo ministro a voz en cuello reveló el contenido del barril:

 

....... y de esta manera, querido habitantes, hemos encontrado que el barril, solo contenía

vino francés de la cosecha de 1922 y que ante tan caro y apetitoso licor, el barril será repartido entre todos ustedes.
 
 
 

RELATOS DE MIRAFLORES


RELATOS DE MIRAFLORES

 

I

 

GREGORIO

 

“Arriba los pobres del mundo, de pie los esclavos sin pan”, vociferaba a buen volumen la radio de 100 canales colocada entre cueros pegantes y tachuelas de la zapatería de Gregorio. Antes que zapatero, “Don Gregorio”, como tocaba llamarle para no recibir el insulto, era un artesano juicioso, rescataba unos zapatos de la nada y los dejaba como nuevos. Ese radio se lo habían traído de regalo los amigos de la “Brigada de la Zafra” y tenía otra particularidad: era el único radio que con un artificio de antena cogía a la perfección “Radio Habana, Cuba”. Don Gregorio, había subido al techo de la casa de Severo, donde tenía el local, una construcción semicolonial de dos pisos, y  no sin antes haber consultado sobre radioaficción con su amigo Ernesto, instaló una antena en una guadua de cinco metros para garantizar la fidelidad de la emisora. El programa de Historia de la Revolución Cubana comenzaba siempre con las hermosas notas de La Internacional.

 

Cuando Don Gregorio escuchaba los primeros tonos se unía al himno acomodándose a su voz de tenor. Las amas de casa vecinas se alertaban diciendo: “son las diez, hora de poner el almuerzo”, ya acostumbradas a la rutina disciplinada del fan de Fidel Castro. Era un hombre solo y su único placer desmedido era la música, tocaba bandola, tiple y sobre todo flauta, su preferida y motivo de sacralidad. No permitía críticas mordaces contra dicho instrumento, asi que cuando Isidro su consuetudinario vecino de tintos le recordó una vez diciendo:

-        Gregorio y que pasó con la Flaúta –recalcándole a tono de mofa el acento en la U-

-        Flaúta será su madre, gran hijo de puta – le contesto Gregorio- , y agregó- y me perdona Dr si me salió en verso pero es que también yo soy poeta del universo.

 

De todas formas abogado y zapatero terminaron tomando tinto en medio de risas. Como quien dice “abogado a tus zapatos”. El lenguaje descarnado de Gregorio era ya conocido como institución social. Entonando La Internacional martillaba con precisión las tachuelas en la suela cuando no sobre sus curtidos dedos y entonces en vez de exclamar airado otra grosería manifestaba: “¡por las mil mozas de cristo chulavita!”, con la posibilidad de tragarse las tachuelas que tenía entre su dos gruesos labios.

 

No se sabe por qué Gregorio no tuvo mujer si una de sus amistades más entrañables era el odontólogo, también de la brigada de la zafra, que se preció de ser el Anacleto Morones del pueblo, como en el cuento de Juan Rulfo, que tuvo olfato para el erotismo y no escapó de sus sábanas clandestinas lo más deseado por muchos incluida su hermosa esposa Argentina, pero Gregorio siempre pensó como Vargas Vila “mi padre me engendró por un placer y mi madre me parió por un deber”, como decía. Pero vivió rodeado de hogares estables como el de severo y sus guitarras.

 

Entre él y Severo existía una conexión entrañable. Severo era fabricante de guitarras de las mejores, mejor que las chiquinquireñas, decía, y Severo daba la última palabra al rasgar las seis cuerdas buscando un mi mayor: “esta no sirvió, repítala, o véndasela a alguien con oído de artillero”. Esa unión provenía de las condiciones materiales de vida de los dos: ambos eran artesanos y tenían un control escencial, casi filosófico sobre la totalidad del proceso de producción. Suena a Marxismo, pero es así, actuaban como pensaban, en trabajo no alienado.

Gregorio murió en honor de santidad a pesar de todo, como se merece morir a un ateo, en medio de una religión, la católica,  en un ancianato, cuidado por una comunidad de monjas dominicas como parodiando aquel tiempo en que le gritó al párroco cuando le llevó a restaurar los zapatos “jamás le arreglaría a un clérigo sus pecuecas porque están contaminadas de malos pasos”. Eso le preparó el paraíso terrenal. Dicen que cuando murió rezaba en voz baja, en el mismo tono del padrenuestro, repasando las pepas de una camándula, una extraña oración en la que discutía con el papa apartes de la encíclica “rerun novarum”