EL BARRIL
Pronto la noticia se regó como pólvora. La
presencia de un extraño baúl flotando río abajo que atracó en el puerto por su
propia cuenta llenó la atención de la población.
Alguien que lo observó venir en la distancia,
un niño, por demás, alertó a los parroquianos que tomaban fresco debajo de los
aleros:
Oigan vean lo que viene flotando por el río,
parece un gran maleta de viaje!
Uno de los hombres se acercó curioso buscando
un ángulo de mejor visión.
Chino, prepare la canoa, vamos a interceptarlo!
No hay
necesidad, dijo el otro, se está acercando a la orilla.
Pero la corriente fuerte va por el centro dijo
un tercero de los ya diez o doce que se acercaron anhelantes.
Yo fui el que lo ví primero gritaba el muchacho
del primer aviso, de unos doce años de edad, y se trepó encima de la canoa sin
reparar en la propiedad. En unos instantes habían tres adultos y el niño
intentando remar hacia el centro del río. El artefacto aún no plenamente
identificable en la distancia se bamboleaba con la corriente. Su color azul
marino reflectaba el sol de la tarde y haciendo piruetas de malabar amenazaba
con internarse en el centro del ancho río. Sin embargo después de danzar de
arriba hacia abajo desapareciendo por instantes debajo del agua ante los
vítores de los playeros la corriente terminó por sacarlo a flote total hacia la
horilla. Los remeros que calcularon mal la intersección les tocó cambiar
momentáneamente de curso, pero ya el objeto buscaba plácidamente la horilla a
treinta metros abajo del muelle. Se atascó
debajo de las ramas de un árbol que acariciaba la superficie del agua y
llegaron hábilmente allí tres o cuatro que se dispusieron a rescatarlo.
Finalmente llegó por fin la canoa y facilitó la operación. Para aquel momento
todo el coro de vecinos gritaba: Es un Barril! Es un barril!. No fue fácil
empujarlo a la horilla y sacarlo del agua, pesaba como plomo.
Ya en la arena de la playa el corro que se
formó en torno al barril de madera pintado de laca azul, se aumentó
considerablemente. Mujeres, niños ancianos, jóvenes y hasta un policía que se
encontraba fuera de servicio quiso intervenir.
Miremos a ver que contiene dijo un pescador
musculado que intentó sin lograrlo mover el barril.
Un momento,
dijo el policía, de esto me encargo yo, pueden ser armas para la
guerrilla!
Y si nó, dijo otro parroquiano, que tal que
contenga dinero! Podemos repartirnos el contenido y aquí no pasó nada!. Todos
se miraron codiciosos y el policía vaciló en mantener su autoridad. En fin de
cuentas ni uniforme tenía para imponerla. Pero eso sí amenazó con dar cuenta a
la comandancia. De entre la multitud alguien que estuvo callado salió observó
el barril, con unos golpes calculados a distinta altura y colocando el oído
diagnosticó:
Hay que tener mucho cuidado, no han leído últimamente
los periódicos ? Se anunció que un barco
sin matrícula arrojó en las costas de la
Guajira un cargamento de deshechos nucleares, y precisamente en barriles como
este, así que es mejor alejarse de aquí y dejarle esta investigación a las
autoridades. Su autoridad de Agrónomo de la UMATA, hizo que todos se miraran
nuevamente entre sí, y el instinto de conservación pudo más que la ambición y
el policía se apresuró a poner en conocimiento a las autoridades de lo
sucedido.
Apocas horas de lo acaecido y de forma
espontánea se suscitó el cabildo abierto en el teatro municipal. Curiosos, intrigados, científicos, autoridades y
profesores acudieron a granel, como las autoridades no se hacían presentes
decidieron elegir una mesa moderadora y comenzaron a recoger puntos de vista.
Pido la palabra! Como lo dijo el agrónomo en el
atracadero, si el barril resulta ser uno de esos deshechos nucleares de amplia
capacidad contaminante, lesiva no solo para la vida sino para las fuentes
hídricas y la tierra misma, es necesario que se coloque el barril en una balsa
anclada en la mitad del río mientras se solicita una investigación técnica, que
nos permita estar seguros.
En ese caso, dijo otro, es más fácil dejar que
el barril siga río abajo y así evitar que algo malo nos ocurra a los de este
poblado. Es una forma práctica de deshacernos del problema.
Yo opino, que es un deber de las autoridades
garantizar la seguridad de los ciudadanos, por lo tanto, debemos es unirnos
para reclamar nuestro derecho y que ellos asuman la responsabilidad por lo que
pueda suceder. Yo por mi parte voy a viajar al pueblo vecino con mi familia
para protegerme. El que así hablaba era uno de los adinerados de la región.
Un momento, ni lo uno ni lo otro. Todos tenemos
responsabilidad sobre lo que pueda ocurrir, y si las autoridades tienen deberes
que cumplir y nosotros derechos que reclamar, lo que debe ser importante es la
solidaridad, debemos pensar que si pudiendo arreglar el problema aquí no vamos
a delegárselo al pueblo vecino para salir del paso. Así que, obremos con razón,
esperemos que las autoridades se hagan presentes y nos comuniquen su
determinación para apoyarlos.
Yo por mi parte, argumentó un tercero, estoy
dispuesto a colaborar, y si ustedes con una cuota de participación me reúnen un
dinero, yo que soy el dueño del único bote de motor que posee el pueblo, puedo
llevarme ese barril muy lejos de aquí. Eso sí tiene que ser una buena suma ya
que yo estoy corriendo un riesgo evidente.
Sonaron abucheos en la sala y gritos de
agalludo! Oportunista!
En un rincón del salón, un grupo conversaba
bajo y uno de ellos proponía:
Que derechos ni que deber eso no nos importa a
nosotros, igual mañana tenemos que trabajar y sí estamos perdiendo el tiempo,
mejor vamonos, además nadie nos obliga a
estar aquí, tanta alharaca por un pinche de barril que a lo mejor lo cogen las
autoridades corruptas y se reparten lo que tiene dentro y le dicen al pueblo
que estabas vacío. Vámonos a tomarnos una cervecita. Dicho esto sigilosamente
abandonaron el salón.
En esto estaban cuando hizo su aparición el
alcalde con una comitiva de funcionarios del municipio. Subieron al estrado y
ante el silencio del público reunido, el alcalde habló, informando que el
barril se tenía aislado en un lugar seguro y que se había solicitado un grupo
de técnicos de diversos organismos para que determinaran su contenido para
tomar una determinación de la cual sería informado convenientemente el cabildo.
La información sobre el lugar a donde había
sido trasladado el barril permaneció oculta y no dejaron de tejerse en el
imaginario colectivo múltiples hipótesis que bien pronto se multiplicaron por
la espera. Pasaron alrededor de tres meses y una delegación del cabildo
solicitó en entrevista personal una respuesta del alcalde. Entonces fue cuando
el alcalde informo que justamente ese fin de semana se haría presente la
comisión de investigación. Todo el pueblo se enteró del acontecimiento y ese
sábado una multitud impacienta distribuida en bares, fresqueaderos, cantinas, y cafeterías esperaban al llegada
de la comisión. A las once de la mañana un helicóptero de la fuerza aérea hizo
presencia en los cielos y haciendo un círculo aterrizó en la cancha de fútbol
del colegio.
Se bajaron dos militares de alta graduación, un
ministro de estado, directores de organismos de seguridad, un cuerpo
científico, escoltas y ayudantes y de inmediato se dirigieron en carros
militares previamente previsto hacia las cuevas del murciélago donde había sido
colocado el barril. La comitiva gubernamental esperó a prudente distancia,
mientras el grupo técnico examinó durante casi dos horas el artefacto. Se le
impidió de hecho a la población acercarse al lugar.
Una hora más tarde tanto la comitiva del gobierno como los
investigadores hicieron arrivo al parque principal y la gente se arremolinó
alrededor del balcón de la Casa Consistorial. De un camión militar se bajó el
barril y se colocó en el atrio de la iglesia después de cinco discursos en los
que se hincapié en la preocupación del
gobierno y del Estado por el bienestar de sus ciudadanos, el mismo
ministro a voz en cuello reveló el contenido del barril:
....... y de esta manera, querido habitantes,
hemos encontrado que el barril, solo contenía
vino francés de la cosecha de 1922 y que ante
tan caro y apetitoso licor, el barril será repartido entre todos ustedes.