lunes, 6 de octubre de 2014

RELATOS DE MIRAFLORES


RELATOS DE MIRAFLORES

 

I

 

GREGORIO

 

“Arriba los pobres del mundo, de pie los esclavos sin pan”, vociferaba a buen volumen la radio de 100 canales colocada entre cueros pegantes y tachuelas de la zapatería de Gregorio. Antes que zapatero, “Don Gregorio”, como tocaba llamarle para no recibir el insulto, era un artesano juicioso, rescataba unos zapatos de la nada y los dejaba como nuevos. Ese radio se lo habían traído de regalo los amigos de la “Brigada de la Zafra” y tenía otra particularidad: era el único radio que con un artificio de antena cogía a la perfección “Radio Habana, Cuba”. Don Gregorio, había subido al techo de la casa de Severo, donde tenía el local, una construcción semicolonial de dos pisos, y  no sin antes haber consultado sobre radioaficción con su amigo Ernesto, instaló una antena en una guadua de cinco metros para garantizar la fidelidad de la emisora. El programa de Historia de la Revolución Cubana comenzaba siempre con las hermosas notas de La Internacional.

 

Cuando Don Gregorio escuchaba los primeros tonos se unía al himno acomodándose a su voz de tenor. Las amas de casa vecinas se alertaban diciendo: “son las diez, hora de poner el almuerzo”, ya acostumbradas a la rutina disciplinada del fan de Fidel Castro. Era un hombre solo y su único placer desmedido era la música, tocaba bandola, tiple y sobre todo flauta, su preferida y motivo de sacralidad. No permitía críticas mordaces contra dicho instrumento, asi que cuando Isidro su consuetudinario vecino de tintos le recordó una vez diciendo:

-        Gregorio y que pasó con la Flaúta –recalcándole a tono de mofa el acento en la U-

-        Flaúta será su madre, gran hijo de puta – le contesto Gregorio- , y agregó- y me perdona Dr si me salió en verso pero es que también yo soy poeta del universo.

 

De todas formas abogado y zapatero terminaron tomando tinto en medio de risas. Como quien dice “abogado a tus zapatos”. El lenguaje descarnado de Gregorio era ya conocido como institución social. Entonando La Internacional martillaba con precisión las tachuelas en la suela cuando no sobre sus curtidos dedos y entonces en vez de exclamar airado otra grosería manifestaba: “¡por las mil mozas de cristo chulavita!”, con la posibilidad de tragarse las tachuelas que tenía entre su dos gruesos labios.

 

No se sabe por qué Gregorio no tuvo mujer si una de sus amistades más entrañables era el odontólogo, también de la brigada de la zafra, que se preció de ser el Anacleto Morones del pueblo, como en el cuento de Juan Rulfo, que tuvo olfato para el erotismo y no escapó de sus sábanas clandestinas lo más deseado por muchos incluida su hermosa esposa Argentina, pero Gregorio siempre pensó como Vargas Vila “mi padre me engendró por un placer y mi madre me parió por un deber”, como decía. Pero vivió rodeado de hogares estables como el de severo y sus guitarras.

 

Entre él y Severo existía una conexión entrañable. Severo era fabricante de guitarras de las mejores, mejor que las chiquinquireñas, decía, y Severo daba la última palabra al rasgar las seis cuerdas buscando un mi mayor: “esta no sirvió, repítala, o véndasela a alguien con oído de artillero”. Esa unión provenía de las condiciones materiales de vida de los dos: ambos eran artesanos y tenían un control escencial, casi filosófico sobre la totalidad del proceso de producción. Suena a Marxismo, pero es así, actuaban como pensaban, en trabajo no alienado.

Gregorio murió en honor de santidad a pesar de todo, como se merece morir a un ateo, en medio de una religión, la católica,  en un ancianato, cuidado por una comunidad de monjas dominicas como parodiando aquel tiempo en que le gritó al párroco cuando le llevó a restaurar los zapatos “jamás le arreglaría a un clérigo sus pecuecas porque están contaminadas de malos pasos”. Eso le preparó el paraíso terrenal. Dicen que cuando murió rezaba en voz baja, en el mismo tono del padrenuestro, repasando las pepas de una camándula, una extraña oración en la que discutía con el papa apartes de la encíclica “rerun novarum”

 

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